<< Y no sé cómo puedo sentir lo que siento, sabiendo lo que sé de ti...>> MEMORIAS DE IDHÚN I: LA RESISTENCIA
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miércoles, 5 de septiembre de 2012

Not Alone - Capítulo 3

"¿Y ahora qué?"

  Mis ojos estaban llenos de lágrimas. Leí la carta una y otra vez, hasta que la penumbra me impidió distinguir las letras. No me hacía falta la luz. Había memorizado cada una de las palabras. ¿Por qué habría esperado tanto para decírmelo? ¿Y por qué habría sido yo tan idiota? Todo esto era culpa mía. Por no hacer caso de mis amigas cuando me decían que Miguel estaba colado por mí, por no entender que su amistad era algo más, por no ver que le dolía que estuviera con otros... De no ser por eso, tal vez...
  Por primera vez en mi vida, imaginé a mi amigo como algo más. Me vi acariciando su rostro ligeramente aniñado y su cabello ondulado, apartando un mechón rubio de su frente para poder mirarlo a los ojos. Esos ojos verdes que tantas veces me habían traído paz. Vi cómo nuestros labios se rozaban, y una vocecilla en mi cabeza me dijo que me gustaría esa sensación.
  La batería de mi IPod se agotó unos minutos más tarde a la mitad de una canción. Mis labios, en cambio, siguieron moviéndose. Inconscientemente, continué la canción en voz baja.

No puedo describirte
No puedo siquiera nombrarte
Solo son lineas que caen sobre el papel
Intentando dibujarte

  Un aplauso a mis espaldas me sobresaltó. Giré la cabeza y escudriñé la oscuridad hasta encontrar la silueta de un joven a varios pasos de mí. Me levanté un poco asustada.
  - Cantas muy bien- me elogió el desconocido.
  Ahora que se había acercado podía observarlo mejor. Era más alto que yo, su cabello era corto y castaño, y sus ojos, marrones. Esbozaba una amplia sonrisa.
  - Gra-gracias, supongo- contesté un tanto aturdida.
  Soltó una pequeña carcajada y añadió:
  - Lo siento, te he asustado. Soy Javi.
  - No me habías asustado- farfullé avergonzada-. Estaba... hmm... distraída.
  - Ya...- volvió a reír. Su sonrisa era realmente bonita.
  Me miró como si esperara algo.    
  - ¿Qué?- sonreí.
  - No me has dicho tu nombre todavía.
  - Lo siento, ¡qué tonta! Soy Alexia, pero por lo que más quieras, llámame Alex.
  - Está bien, Alex. ¿Puedo preguntar qué edad tienes?
  - Quince, ¿y tú?
  - También. ¿A qué instituto vas?
  Me senté de nuevo en el columpio y él se sentó a mi lado. Le dije el nombre de mi antiguo instituto.
  - No me suena...- respondió confundido.
  - Es lógico, es un instituo de Asturias- reí.
  - Entonces... ¿no eres de aquí?
  - No, me acabo de mudar. Creo que me han matriculado en el...
  - ¿Cervantes?- aventuró emocionado.
  - Sí, ¿tú vas a ese?
  Javi asintió con la cabeza.
  - Genial, al menos conoceré a alguien.
  Charlamos durante un rato, hasta que recibí una llamada de mi madre y nos despedimos. Empecé a caminar hacia mi casa. Sentía como si alguien me siguiera, pero al darme la vuelta no había nadie. Llegué al portal con las manos temblorosas y las llaves se me cayeron cuando fui a abrir. Un brazo más ágil que el mío las recogió. Alcé la mirada y sus ojos me miraban burlones.
  - ¿Ahora también estabas confundida?
  - ¿Me estás siguiendo?- le espeté de mal humor.
  - ¿Yo? Vivo ahí enfrente- contestó.
  - ¿En serio?
  - Sí, y tengo pruebas.
  Sacó un llavero del bolsillo de su pantalón y me hizo un gesto para que no me moviera. Cruzó a toda prisa la calle y abrío la puerta del portal de enfrente. Después sonrió y se despidió con la mano. Ya en el ascensor mi móvil me avisó de que tenía un WhatsApp. Era de Javi.
  "Por cierto, mañana tengo que presentarte a alguien. Te va a caer bien. Buenas noches"
  "Vale, hasta mañana."
  Entré en mi casa y fui directamente a mi habitación, pero al pasar por delante de la cocina mi madre preguntó:
  - ¿Qué era lo que te había dado Miguel?
  Otra vez el sentimiento de culpa me invadió. Javi había conseguido que me olvidara de él por un rato. Sin dejar de caminar respondí:
  - Tonterías nuestras, ya sabes cómo es Miki.
  Me sentí tentada de echarme a llorar, pero me contuve. Tenía que llamarle y aclarar las cosas. Tomé el móvil entre mis manos. Últimas llamadas: Sonia. Mamá. Miguel... Mi dedo tembloroso pulsó el botón adecuado y, tras dos desesperantes pitidos, su voz contestó:
  -¿Alex?
  Un sollozo se escapó de mi garganta y mis ojos volvieron a humedecerse. Mierda, Alex, ¿qué te pasa?, pensé.
  - ¡¿Alex, pasa algo?!- preguntó alarmado.
  - Lo siento- susurré con voz quebrada.
  Colgué antes de escuchar su respuesta y me limpié las lágrimas con el puño de mi camiseta. Apenas un segundo después, Our Time Now, la canción que me avisaba de una llamada suya, empezó a sonar. Las llamadas en mi móvil se repetían como una lenta tortura en mi interior. Podía imaginarme a Miguel dando vueltas por su habitación, como hacía siempre que algo lo preocupaba. La culpabilidad acechaba mi corazón, roto en mil pedazos con cada nuevo comienzo de la canción que compartíamos. Llegué a contar siete llamadas, después, no tuve más remedio que apagar el aparato. Me tumbé en la cama a medio hacer y me quedé dormida con él entre las manos.
***
Espero que os guste, siento la tardanza. Creo que pronto tendré el siguiente, porque ya llevo la mitad :)
Unnnn besoo para todas nuestras lectoras!!
Pooooooor cierto, pasaos por este blog: En el fondo de algún baúl... Tiene una novela que engancha al instante, con un misterio de fondo que aún estoy por descubrir. Merece la pena.
By Alex ;)

sábado, 18 de agosto de 2012

Not Alone - Capítulo 2

"Madrid"

  Miguel desvió su mirada de mis ojos y depositó un beso en mi frente. Puse los ojos en blanco soltando un suspiro. Ya volvía a comportarse como mi fuera mi hermano.
  Subí al coche y me abroche el cinturón. Melancólica, observé por la ventanilla trasera cómo mis amigos, todo mi pasado en realidad, se hacía más y más pequeño conforme el coche avanzaba.
  Tommy estaba jugando con la PSP y Jaime, absorto en su música; opté por imitarle. Pulsé el modo aleatorio de mi IPod y en mis oídos resonaron las primeras notas de I'll Be Okay de McFly. Bueno, pensé, al menos me levantará la moral. Después de tararear distraidamente los primeros versos recordé el sobre que Miguel me había entregado. ¿Qué habría ahí dentro? Viniendo de él podía ser cualquier cosa. La curiosidad me mataba, así que lo guardé en  mi bolso para evitar la tentación de abrirlo.
  El viaje en coche duró unas cuatro horas. La primera hora cada uno estuvo metido en sus pensamientos, pero pasado este tiempo de incómodo silencio, vimos una película los tres juntos. Cuando acabó creo que debí dormirme, porque lo sieguiente que recuerdo es el suave zarandeo de mi hermano y la voz de mi padre anunciando:
  - ¡Madrid, hemos llegado!
  Pasó media hora más hasta entrar en una localidad a las afueras de Madrid. Callejeamos un poco y dimos con nuestro bloque de pisos. Apoyé la cabeza en la ventanilla y observé con atención lo que iba a ser mi nuevo hogar. Justo antes de llegar a nuestra calle, había un gran parque infantil repleto de niños jugando y corriendo de un lado para otro. Mi primera impresión acerca de aquel sitio fue que sería un buen lugar para vivir.
Aparcamos lo más cerca del portal que pudimos y esperamos a que la furgoneta de Pablo hiciera lo mismo.  Algunas horas después habíamos colocado varias cosas esenciales e improvisado una comida. Es decir, habíamos pedido unas pizzas. El resto del día transcurrió entre cajas y más cajas.
  La tarde cayó antes de que nos diésemos cuenta y mamá nos permitió un descanso.
  Salí a la calle con el sobre de Miguel en una mano y mi IPod en la otra. El parque infantil que había visto por la mañana ahora estaba desierto. Faltaba poco para que oscureciera.
  Tomé asiento en uno de los columpios, balanceándome ligeramente. Sentía un cosquilleo en el estómago y no entendía bien por qué.
  Abrí el sobre. Lo primero que vi fue nuestra lista de canciones, fruto de largos años pegados a la radio. Sonreí ante aquel gesto. También había fotos, fotos nuestras. El día que fuimos a la feria y me ganó un oso de peluche gigante, (de hecho, en la foto se veía más al oso que a mí); la pasada Nochevieja cuando fuimos todos a la playa y nos bañamos en el agua helada; un día cualquiera, en casa de Miguel, viendo una película y comiendo pizza, haría como tres años... Estuve un buen rato recordando aquellos días con todos mis amigos. Al final, había una foto mucho más antigua que las demás. Era del día que nos conocimos. Yo ni siquiera lo recordaba. Era el primer día de guardería. Él llevaba un peto vaquero y una camiseta blanca. Su pelo aún era rubio platino y sus rizos completamente definidos. Mostraba una amplia sonrisa. Yo estaba a su lado, con un vestido de flores y sonriendo también. En mi pelo, dos coletas. En el reverso, estaba escrito: El mejor día de mi vida. PD.: gracias por compartir tus juguetes conmigo.
  Dios mío, pensé, ¿cómo es posible que se acuerde?
  Volví a meter las fotos, y saqué una carta que decía:
 
  Hola Alex. Esto que te voy a decir es complicado. Llevo mucho tiempo queriendo decírtelo, pero soy tan estúpido como para esperar a que te mudes para hacerlo.
  Te quiero. Estoy enamorado de ti. Llevo años estándolo, pero nunca veía la ocasión de decírtelo. Y cuando me decidía a hacerlo, tú venías corriendo a mi casa para contarme lo feliz que eras porque este o aquel chico te había sonreido en clase. Y yo me sentía tan mal... Cuando sucedió lo de Iván, pensé que por fin era mi oportunidad, pero tú gritaste delante de todos lo mucho que te horrorizaría besarme.
  Solo espero que no te enfades, y que me respondas.
  Solo trata de recordar todos los momentos que hemos pasado juntos, todos los que no están en estas fotos. Esperaré el tiempo que necesites.
  PD.: No importa lo que sientas, siempre seré tu mejor amigo.
  Te quiero,
               
- Miguel
*****
Siento no haber publicado antes, pensaba hacerlo antes de irme de vacaciones, pero me surgió un problema y al final no he podido hasta hoy. Espero que os guste y que os acordéis del primer capítulo :P 
Un beso,

Alex ;)

lunes, 11 de junio de 2012

Not Alone - Capítulo 1

  "Despedidas"
  Cuando mis padres me dijeron que íbamos a mudarnos por "motivos laborales", he de confesar que me sentí aliviada. Este no había sido, que digamos el mejor verano de mi vida. Quería alejarme de todo y de todos, y no había mejor forma de hacerlo que con una mudanza. En las semanas sucesivas, mis hermanos y yo ayudamos a nuestros padres a empaquetar todas las cosas y programar el viaje. Varias veces tuvimos que quedarnos solos mientras ellos iban a Madrid ultimando los detalles de la compra del piso. Durante uno o dos días mi hermano Jaime, que está a punto de cumplir la mayoría de edad, se encargaba de vigilarnos a Tomás y a mí.
  Finalmente, llegó el día en que todos partiríamos definitivamente. Una amigo de la familia nos prestó su ayuda en forma de camioneta para la mudanza. Él, nos dijo, tenía que viajar de todas formas a Madrid por no sé qué asuntos familiares.
  De modo que ahí estaba yo, ayudando a cargar en la camioneta las cajas que llevábamos semanas empaquetando. Resulta extraño lo larga y compleja que parece la vida de una persona y que, sin embargo, seamos capaces de almacenarla en unas pocas cajas llenas de etiquetas.
  Me sequé el sudor de la frente con una mano mientras me apoyaba en el lateral de la camioneta y bebía un par de tragos de agua de una botella. Justo entonces vi acercarse a tres personas hacia donde me encontraba. Sonia, Lucía y, por supuesto, Miguel, los pocos amigos que me quedaban. A pesar de lo que había pasado, sabía que él nunca me fallaría. Era mi mejor amigo desde que tenía memoria, y nos unía un lazo muy fuerte. A Sonia y a Lucía las conocía desde hacía menos tiempo pero éramos inseparables y me habían apoyado en todo.
  Los tres parecían recién llegados de un funeral. Forcé una sonrisa y dije:
  - ¿A qué vienen esas caras tan mustias? Me voy a Madrid, no a la guerra.
  Otra risa forzada salió de la garganta de Lucía. Sonia parecía a punto de echarse a llorar. Aquella estampa hizo flaquear mi fuerza de voluntad.
  - Os voy a echar muchísimo de menos, chicas- dije con la voz entrecortada y conteniendo las lágrimas.
  Ambas extendieron los brazos para ofrecerme uno de nuestros típicos abrazos colectivos. Estuvimos apretujadas delante de la camioneta a saber cuánto tiempo, hasta que mi hermano Javi nos gritó malhumorado:
  - ¡Alex, queréis dejaros ya de ñoñerías!¡No vamos a llegar a Madrid ni el año que viene!
  Jaime no había encajado tan bien como yo la mudanza. Iba a dejar atrás muchas cosas importantes para él. Empezando por Ángela, su novia de toda la vida. Se acababa de despedir de ella y estaba de un humor de perros. Me separé de mis amigas. Lo que venía ahora iba a ser más duro. Alcé la mirada por encima de Lucía y Sonia y allí estaba él. Mi mejor amigo. Miguel.
  - Bueno...- balbuceé dando un paso hacia delante.
  -Bueno..- me imitó.
  Por alguna razón, Miguel evitaba mirarme a los ojos. Quizá era debido a que las lágrimas asomaban a sus pupilas. Lo conocía lo suficientemente bien como para saber que ese brillo especial en sus ojos eran, en realidad, lágrimas contenidas por el orgullo.
  -Anda ven aquí- dije abriendo los brazos para abrazarlo.
  Él se acercó y me rodeó con los brazos estrechándome con fuerza contra sí. La situación me sobrepasó y las lágrimas resbalaron por mi cara. Lo que había empezado como un pequeño intento por reconfortarlo se había convertido en él consolándome a mí. Lloré un momento sobre su hombro mientras Miguel me acariciaba el pelo. Cuando pude recomponerme, lo miré a los ojos y susurré:
  - Te echaré muchísimo de menos...
  - Y yo a ti, princesa- respondió dejándome ir.
  Con los ojos aún húmedos, les di un último abrazo y me dirigí hacia el coche, unos metros más allá. Antes de abrir, los miré una vez más. Miguel tenía una expresión extraña, como si se debatiera. A su lado, mis amigas lo miraban expectantes. Lo dejé pasar y accioné el manillar de la puerta. En el último momento Miguel exclamó:
  - ¡Espera!
  Se acercó corriendo y me entregó un sobre cerrado y ligeramente abultado. Lo cogí extrañada. En él sólo se leía mi nombre. Reconocí su caligrafía al instante. Me dispuse a abrirlo, pero me detuvo.
  - ¡No!... Ábrelo cuando llegues a Madrid, ¿vale?
  - Está bien.
  Nos miramos de nuevo a los ojos. Los suyos eran una mezcla entre verde y gris que siempre me había encantado. Me perdí en sus ojos durante un momento. Miguel se acercó peligrosamente a mí. Parecía que...
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Espero que os haya gustado el primer capítuo de mi nove. Por fin he encontrado el cuaderno donde la tenía escrita..... Al parecen ellos no se lo habían llevado, sino más bien el hombre del saco de patatas, porque estaba debajo de mi cama...

Alex ;)